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Cuarentenas cuestan más vidas de las que salvan, según ganador del Premio Nobel

Michael Levitt, profesor de la Universidad de Stanford y el Premio Nobel de Química en el año 2013, junto a Martin Karplus y Arieh Warshel, por el “desarrollo de modelos muliescala para sistemas químicos complejos», tiene su propio laboratorio de biología estructural en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford y, desde hace muchos años, es una referencia en el mundo de la ciencia.

Desde enero del 2020, su equipo de trabajo, trabaja incesantemente en el análisis de datos relacionados con el COVID19, con el objetivo de rastrear la evolución del mismo.

 “Creo que las cuarentenas no salvaron ninguna vida”, fueron las palabras utilizadas por Levitt en en una entrevista con The Telegraph, al agregar que las mismo pudieron haber tenido el efecto contrario.

“Creo que pueden haber costado vidas. Habrán salvado algunas vidas en accidentes de carretera y en cosas así, pero el daño social por el abuso doméstico, los divorcios, el alcoholismo, ha sido extremo. Y además están los que no fueron tratados por otras enfermedades”.

Levitt considera que bastaban algunas recomendaciones puntuales, como usar máscaras desde el comienzo del brote y ciertas normas de distanciamiento social, para obtener el mismo resultado en términos sanitarios, con un costo muy inferior.

“Creo que el verdadero virus fue el virus del pánico”, afirmó. “Por razones que no me quedan claras, creo que los líderes entraron en pánico y la gente entró también, y creo que hubo una gran falta de discusión”.

“No hay duda de que se puede detener una epidemia con la cuarentena, pero es un arma muy desafilada y muy medieval. Podría haberse detenido con la misma eficacia con otras medidas sensatas”, agregó. “No creo que nada haya detenido realmente al virus en Europa, salvo algún tipo de agotamiento”.

Levitt y su equipo analizan detenidamente los datos de 78 países en los que se reportaron más de 50 casos de coronavirus. Su conclusión preliminar es que la evolución sigue una tendencia, independientemente de las medidas que se tomen.

“El problema con los epidemiólogos es que sienten que su trabajo es asustar a la gente para que se encierre, para que se distancie socialmente. Así que dicen ‘va a haber un millón de muertes’, y cuando solo hay 25.000 dicen ‘es bueno que hayan escuchado mi consejo’. Esto sucedió con el ébola y con la gripe aviar. Es solo parte de la locura”.

El investigador se refirió por último a cómo vive personalmente la pandemia, considerando que por su edad pertenece a un grupo de riesgo en caso de contraer el virus. “Tengo 73 años y me siento muy joven. No me importa el riesgo en absoluto. A medida que envejeces, el riesgo de morir por una enfermedad es tan alto que es el momento de comprar una motocicleta, ¡ir a esquiar!”.

Fuente: Infobae.com

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